El cielo es una esfera que nos contiene

Muestra individual

Wu Galería, Lima, Perú, 2012

La exposición El cielo es una esfera que nos contiene es un conjunto de 12 piezas de Martín Bonadeo que incluye dibujos, objetos e instalaciones específicas para el sitio. Toda la propuesta de este artista se ha enfocado en desentrañar las búsquedas que han animado proyectos científicos y tecnológicos que le atraen, los cuales desmenuza de manera fina con el objeto de reinterpretarlas con un sentido estético y poético. El hilo conductor que ha guiado al artista a través de diferentes temáticas por lo general ha sido la luz como fenómeno madre de todos los que afectan a la vida en el más amplio sentido.



El cielo es una esfera que nos contiene

Por María Iovino

En la última década la cuestión de la comunión de la ciencia con el arte ha tomado creciente importancia al punto que podría parecer en las lecturas de mayor difusión que ésta se entiende como una circunstancia nueva a la que deben responder inevitablemente tanto los artistas como los eventos del momento, como si se tratara de un tema que reemplaza a otros que ya perdieron vigencia o actualidad.

Si bien es cierto que en el presente se han reformulado de manera radical las interpretaciones del mundo que habitamos, debido a progresos de las ciencias, y que éste es un cambio decisivo que nos concierne a todos, que en tanto no podemos dejar pasar desapercibido, también es cierto que el arte no ha dejado de tener jamás una comunión estrecha con los adelantos del conocimiento de lo que llamamos realidad. El simple hecho de trazar una línea sobre un soporte de papel tiene implícito el desarrollo de la investigación a niveles que permitieron que tanto el lápiz como el papel llegaran a existir, así como que los seres humanos hubieran desarrollado la habilidad para trabajar con ellos con incrementada destreza. El conocimiento del mundo que nos rodea nos transforma y con ese conocimiento transformamos el mundo en cuya exploración y entendimiento seguimos trabajando.

Es claro que no todos los artistas se dedican a entender este desenvolvimiento inevitable de manera concentrada, aún cuando su mirada y su trabajo se favorezcan de los cambios constantes. Lo que ofrece riqueza y complejidad a la interpretación es precisamente la posibilidad de apreciar el mismo entorno desde muy diversos puntos de vista para poder así complementar observaciones y dudar de ellas si es del caso. La inflexibilidad a que conduce un solo punto de vista generalmente deriva en fascismos con las catástrofes que ellos comportan.

Por esta misma razón, no es prudente llamar al aprecio por la obra de Martín Bonadeo de manera aislada desde el lugar de respeto que ha ganado como artista que reinterpreta la investigación científica en el campo estético y poético, así sea uno de los creadores latinoamericanos en cuyo trabajo se comprende mejor el nuevo enfoque físico de la energía. El destacado proyecto que ha construido este artista en el territorio híbrido de la belleza y la verdad empírica debe sus cualidades a la calidez de la mirada con que desde la niñez se ha acercado a la humanidad, a la objetualidad y al paisaje del universo del que hace parte. Se debe también, al respeto con que se ha aproximado a múltiples expresiones creativas de la visualidad y de otros territorios, asimilándolas como lecciones válidas. Su caso no es el de un creador que se aproxima a un tema que gana vigencia sino el de uno que contribuye a entender otras causas y razones con las que desde siempre se involucró con naturalidad y pasión y en las que por lo mismo hay mucho más que un discurso oportuno.

Martín Bonadeo creció jugando con los aparatos y elementos fotográficos en desuso de su padre, que había sido aficionado al medio. Entender la mecánica de esos objetos, como la de las imágenes (sobre todo filminas) que ellos hacían posibles, se convirtió en el ejercicio racional, sensible e imaginativo del artista y, de esta manera, desde muy temprana edad se enfrentó a comprender el magnánimo misterio de la luz como agente que posibilita mucho más que la visión. Como lo hace entender, los fenómenos, luminosos no se abastecen en explicaciones simples. Por este motivo el artista hace percibir a la luz como mucho más que la presencia que ofrece claridad a la mirada, e insiste en observarla como fuerza o motor que fundamenta la existencia de cada partícula en el mundo que poblamos, sea ésta visible o invisible. En consecuencia, el trabajo de Martín Bonadeo involucra la consideración del mundo físico, del emocional y del político, todo en una metáfora que gana carácter desde asuntos absolutamente sencillos y próximos a cualquiera.

La visión en el trabajo de Martín Bonadeo es sólo la puerta de entrada a universos muy variados y plenos de sentido e inteligencia, que se transitan con el apoyo de la sensibilidad más que con el de los ojos y en los que incluso puede prenderse la alerta hacia el engaño que conlleva el acto aislado de mirar, así éste sea un mundo dispuesto a la observación. En su obra, Martín Bonadeo nos conduce a apreciar la luz como energía de la que deriva lo esperado y lo inesperado, lo material y lo inmaterial, lo que se comprende y lo que no, lo más próximo y lo más remoto. En esa medida, el sol, como fuente que nos abriga e ilumina y que permite la existencia de un cielo que nos protege y cobija es una figura de permanente recurrencia en sus exploraciones. Precisamente porque es así, esta exposición, que es la primera del artista en el Perú, se estructuró alrededor de esa idea que hace resonancia con el gran proyecto astronómico y de sabiduría Inca, cultura que floreció en este territorio.

La coincidencia de que durante los días en que la muestra estará abierta al público ocurre el equinoccio de primavera (22 de septiembre) se tomó como ocasión para pensar, a través de los proyectos seleccionados, en el juego de luces y sombras con que cada día el sol y la luna siguen haciendo posible la continuidad de la vida y en la maravillosa lección geométrica que despliegan esos acontecimientos, que fueron estudiados por el pueblo Inca con la misma entrega, sencillez y naturalidad con que se entiende que trabaja este artista. Obras como Fluídos vitales hacen claro, a través de mecanismos básicos, que cada ser, como el sol, es fuente y receptor de energía con la que se traza una realidad que depende de su más auténtica relación con el entorno. De igual manera, El cielo bajo tierra despierta consciencia acerca del hecho de que un rayo de luz que se dirige a un túnel dominado por la penumbra permite que germine en él la vida con toda su inaprehensible fuerza y misterio.


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