Horizonte en cúpula
Instalación fotográfica específica para el sitio
Imago, Buenos Aires, 2007

Un horizonte compuesto por 24 fotografías de 1m. x 1,30 m. copiadas en duraclear (material similar a la diapositiva) se ubica cubriendo los 360 grados compuestos por ventanas que dan desde la planta alta a un patio interno. Este skyline que sintetiza el paisaje porteño se ubica a cuatro metros sobre la mirada del espectador. Las imágenes que componen esta pieza fueron tomadas en distintos lugares de la ciudad de Buenos Aires y representan la ciudad, el campo, el suburbio, el Río de la Plata y sus orillas. Estas imágenes transparentes se funden con la arquitectura del edificio y con otras imágenes pertenecientes a la muestra dependiendo del punto de vista desde donde se las vea.


Pampa, ciudad y suburbio

por Laura Malosetti Costa, curadora Texto de catálogo -fragmento-

La ciudad y el campo constituyen un par de opuestos que se implican mutuamente como localizaciones de la cultura desde las cuales imaginar el propio lugar en el mundo. Ubican al individuo en su relación con la naturaleza pero también, y sobre todo, en relación con otros hombres y mujeres, imbricado en una red de relaciones. Son, en realidad, algo más que lugares concretos. Condensan ideas, sentimientos, deseos y frustraciones en relación con la sociedad y con la política. Confrontan no sólo espacios sino también tiempos distintos: el del trabajo y el del ocio, el de la naturaleza y el de la historia. Involucran las ideas de progreso y de tradición, de acción y contemplación, de guerra y paz.

Estas cuestiones están en el origen de esta exposición: ciudad y campo, pero específicamente el par Buenos Aires - Pampa. No pretende trazar un recorrido histórico exhaustivo de la tradición paisajística en la Argentina, sino más bien proponer al espectador una reflexión sobre nuestra historia cultural y sus localizaciones: una indagación en las maneras en que se han imaginado la llanura pampeana, la ciudad de Buenos Aires y los espacios que se fueron gestando entre ambas –orilla, borde, suburbio– en las artes visuales, desde el siglo XIX hasta la actualidad.

La propuesta, entonces, es reunir un amplio conjunto de obras que rara vez se piensan en sus relaciones recíprocas, superar los parcelamientos en los que suelen ser confinadas: fotografía antigua y contemporánea, mapas, grabados del siglo XIX, pinturas, instalaciones, videoarte, esculturas y objetos. Confrontar la vivencia íntima y sensible del entorno con los discursos de la patria y el llamado “paisaje nacional”. Plantear diálogos y continuidades, resonancias y contrastes, transformaciones, conflictos en el tiempo. Problematizar la percepción y representación del lugar propio y de la distancia, la perspectiva que permite captar la inmediatez y la inmensidad.

Las ideas de cambio y de progreso encarnadas en la vida de la ciudad, así como la contemplación bucólica o la evocación nostálgica de una pastoral campestre como su contrapartida han sido tópicos que nos llegan desde la antigüedad, poniendo en imágenes tanto literarias como visuales las sucesivas expectativas, crisis y decepciones que acompañaron la historia de las sociedades y asentamientos humanos. El libro de Raymond Williams que preside como acápite este texto, despliega en forma brillante la historia de estas imágenes e ideas y, de algún modo, se sitúa en el origen de esta muestra. Aún cuando en América los vínculos entre naturaleza y cultura parezcan subvertirse y tomar rumbos diferentes de los del ámbito europeo, el punto de partida de nuestra herencia cultural debemos buscarlo allí. Pero también contribuyó a dar forma a esta exposición la convicción acerca del carácter de las imágenes visuales, irreducible a la palabra, aún cuando a menudo ella las preceda, las inspire y las interpele. Se ha vuelto ya un lugar común entre los estudiosos de nuestra historia cultural la constatación de una considerable pobreza en la producción de imágenes en relación con el despliegue de las descripciones, relatos y evocaciones del paisaje en las letras. La relación palabra-imagen es un punto de partida ineludible cuando se piensa en el paisaje de la Pampa, y lo mismo podría decirse respecto de Buenos Aires y sus representaciones, pero preside el conjunto la intención de poner en evidencia la complejidad de esos vínculos. En particular, la capacidad de las artes visuales de provocar en el observador un súbito relampagueo de alerta, una conmoción, un instante de intensidad previo (o paralelo, o posterior) a la puesta en palabras.

Las reflexiones que siguen apuntan a brindar al espectador una explicación de las ideas que alimentaron la selección de obras y a sugerir una serie de vínculos entre ellas. […] La exposición se organiza en una serie de ejes iconográficos que recorren ciertos tópicos persistentes en esa relación ciudad-campo en la cultura.

La ciudad y el río
Los perfiles de la ciudad desde el río –la silueta de sus edificaciones y en particular las cúpulas de sus iglesias–identificaron a Buenos Aires desde sus primeras representaciones. Siguiendo un esquema ya impuesto por los grabados holandeses, la ciudad se representó a menudo vista “desde los barcos”, los mástiles en primer plano y al fondo, perfectamente reconocibles, sus edificios característicos […]. Martín Bonadeo utiliza nuevas tecnologías para construir imágenes y situaciones de gran sutileza poética, como el panorama transparente de 360 grados que, atravesado por la luz, revela una nueva forma de belleza de la ciudad desde el río […].


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