Ojos de alcancía
Fotografía digital copiada en papel acuarela
Espacio TRIP , ArteBA, 2006 / Galería Isidro Miranda, Buenos Aires, Argentina, 2008 / Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires, Argentina, 2008 / Galería Arte x Arte, Bueno Aires, Argentina, 2009

Ojos de alcancía es una serie de fotografías digitales copiadas en papel acuarela. Se trata de fotografías de la naturaleza hechas en toma directa con una altísima sobreexposición, que obtienen por resultado imágenes muy quemadas pero con colores intensos. Esta técnica permite ver los colores escondidos en la oscuridad de las sombras.


Pintura y fotografía. Cuando el medio no es el mensaje

por Judith Savloff

Dan ganas de quedarse un rato más disfrutando de las ramitas que expone Martín Bonadeo (1975). Simples y delicadas, como estampas japonesas.

Traslúcidas, cálidas, como acuarelas. Será porque, además de bonitas, estas imágenes prolongan la ilusión de estado zen en este anochecer de viernes de enero, cuando el viento alivia y Buenos Aires y los pasillos y esta sala del Centro Cultural Recoleta se quedan casi desiertos.

Dan ganas de quedarse un rato más así, cierto. Pero el título de la muestra, Pintura y fotografía. Desplazamientos y fusiones, propone pensar en el fluir de esas técnicas, en cómo susurran entre ellas, charlan, ironizan y, en el caso de las piezas de Bonadeo, se camuflan, engañan. ¿Será sólo porque se sienten tan armónicas que cuesta escribir que a priori se cree que esas obras "mienten"?

No. Aún antes de decidirse a pensar en todo esto, a medida que la parálisis por el encanto se supera, esas hojitas empiezan a cargarse de extrañeza. Sin nervaduras, teñidas de rosas y azules difusos, inquietan. Dice la etiqueta que las describe que Bonadeo no pinta. Que no usa pinceles ni tintas. Que se vale de una cámara, de tomas directas y de sobrexposiciones elevadísimas. Lo suyo son dibujos con luz, "sombras que descubren su color", pura fotografía, desnuda. Nada es aquí lo que parece y el artista no miente, revela.

La curadora, Ana Martínez Quijano, lo dice así: "Si la pintura determina una visión más distanciada de lo real que la fotografía, las imágenes de estos artistas se alejan por igual del objeto a representar. Todos van en busca de las caras ocultas de las cosas." […] Desde las últimas décadas del siglo XIX, cuando la fotografía se difundió, ella y la pintura se influyeron permanentemente. Uno de cientos de ensayos sobre el tema, de Antonio G. García, señala: "Las primeras imágenes daguerrianas conmocionan las tendencias más reconocidas del momento, clasicismo y romanticismo, provocando también las primeras reacciones a favor, Delacroix, y en contra, Ingres. La nueva imagen impacta en los llamados academicistas, orientalistas, 'pompiers', victorianos y prerrafaelitas. Los pintores de la Escuela de Barbizon, liderados por Corot, habían compartido su aproximación a la naturaleza con los primeros fotógrafos paisajistas intercambiando un nuevo estilo pictórico y fotográfico pleno de influencias recíprocas, el naturalismo, al que muchos establecen como precursor del movimiento impresionista encabezado por Monet."

Al principio, es la fotografía al servicio de la pintura, liberándola del deber de copiar y generando espacios para otras realidades, subjetivas. Y después, la fotografía ganándose un lugar entre las bellas artes, documentando y yendo más allá, como en el célebre autorretrato sobre la bola espejada de Grete Stern o las auras fantasmagóricas de los rayogramas de Man Ray.

Pero la técnica, el medio, no es el mensaje en esta muestra. O el único mensaje. Martínez Q. también escribió: "Cuando lo real deja de ser sólido y estable, cuando adopta las formas de un caleidoscopio y se vuelve inasible, la pintura y la fotografía entablan nuevas y estrechas relaciones. Así, las ficciones o puestas en escena fotográficas y los documentos o registros pictóricos revelan los desplazamientos y fusiones de la práctica artística. En este territorio impreciso, la realidad aparece contaminada, imaginada y cargada de subjetividad." ¿No ocurre frente a los célebres nenúfares de Monet algo muy similar?


Una mirada oriental

Texto de catálogo –fragmento– por Ana Martínez Quijano, curadora de la muestra Pintura y fotografía. Desplazamientos y fusiones.

El influjo que desde sus orígenes ejerce la fotografía sobre la pintura, ha deparado un nuevo modo de ver la realidad a través del ojo de la cámara, y ha suscitado el deseo de representar el mundo con objetiva precisión. Pero cuando lo real deja de ser sólido y estable, cuando adopta las formas de un caleidoscopio y se vuelve inasible, la fotografía y la pintura entablan nuevas y estrechas relaciones. Así, las ficciones o puestas en escena fotográficas y los documentos o registros pictóricos, revelan los desplazamientos y fusiones de la práctica artística. En este territorio impreciso, la realidad aparece contaminada, imaginada y cargada de subjetividad. Si la naturaleza de la pintura determina una visión más distanciada de lo real que la fotográfica, las imágenes de Martín Bonadeo se alejan por igual del objeto a representar. Lo que vemos en sus fotografías, lo que presenta ante nuestros ojos, son resplandores y espejismos. Bonadeo va en busca de la cara oculta de las cosas y, simplemente, elige el modelo por su condición pictórica. Su obra participa del deseo de arribar a lo distante, al corazón de las cosas, a ese lugar que ocupa el arte que puebla los museos, el sitio donde se adivina el aura, la manifestación irrepetible de una lejanía […]

Martín fotografía unas ramas que recuerdan de inmediato a las estampas japonesas. Con un medio mecánico parece capturar el gesto, el pulso del pintor. Pero el trazo de la pluma cargada de tinta que se desplaza diestra sobre el papel de acuarela, no existe, es una ilusión. Nada manual interviene en estas tomas directas de altísima sobreexposición, más que la luz engañosa que nos confunde y la sombra, que a través de este proceso descubre su color. […]


(Naturaleza/Tecnología) Texto de catálogo –fragmento–

por Jorge Zuzulich, curador de la muestra Intersecciones: tecnología naturaleza subjetividad

[…] También la serie de Martín Bonadeo, Ojos de alcancía (2006), opera sobre la noción de hacer visible lo invisible. En este conjunto de fotografías digitales no retocadas, Bonadeo pareciera apoyarse en esas reflexiones benjaminianas. Sus fotografías, que retratan vegetación, lo hacen a partir de la sobreexposición, efecto que permite establecer dos maneras diferenciadas de aprehensión del objeto.

En primera instancia, esa sobreluminosidad, fundada en las posibilidades que brinda el aparato tecnológico, permite a la mirada del espectador acceder a una zona de cromaticidad vedada por la sombra; aquello que aparece oculto a nuestros ojos detrás de la oscuridad aflora gracias a que la imagen se somete a la contingencia técnica. En segundo término, el propio proceso técnico parece ocultarse. La sobreexposición asimila lo fotográfico a una técnica esencialmente manual: la acuarela. La obra, impresa, revela cierto carácter pictórico, no necesariamente pictorialista. No es la fotografía la que quiere asemejarse a la pintura para legitimarse; más bien, en este caso, la fotografía ya legitimada como práctica intenta disolverse en lo pictórico para hibridarse, para cuestionar el estatuto que encuentra una alta diferenciación entre pintura e imagen técnica.

En tal sentido, puede pensarse que la obra de Bonadeo ahonda en un perfil crítico al asumir aquello planteado por el francés Didi-Hubermann: "Dar a ver es siempre inquietar el ver". […]


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