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instalación específica para el sitio
En uno de los extremos de la calle histórica por la que ingresaban los inmigrantes en el puerto de Buenos Aires se encuentra un pedestal de cemento blanco. Sobre él, una banda de moebius transparente descansa dentro de un cubo de vidrio. La banda tiene escritas en negro las palabras INMIGRANTE y ARGENTINO, cada una con una flecha en dirección opuesta. Como un reloj solar, este objeto proyecta su sombra. Por la maņana se lee bien la palabra Inmigrante. La proyección de la sombra de la palabra Argentino empieza a aparecer patas para arriba a media maņana. Al mediodía ambas palabras comparten el espacio de proyección y unas horas más tarde, la sombra de la palabra Argentino se da vuelta y toma preponderancia. La sombra de Inmigrante poco a poco va girando y se va retirando de la escena sin quedar afuera por completo en ningún momento.
varación de las sombras a distintas horas
calle histórica de los inmigrantes - estudio abierto puerto buenos aires 2005

¿cuándo empezamos a llamarnos argentinos?
por
susanne franz - artículo fue publicado en idioma alemán el 3/12/05 en el “srgentinisches tageblatt" y en kunst in argentinien

La instalación “Inmigrante/Argentino” de Martín Bonadeo en el marco de “Estudio Abierto 2005 - Puerto”

Hay una pequeña calle de adoquines entre el Apostadero Naval, donde llegaron los barcos con inmigrantes a Buenos Aires, y el ‘Hotel de Inmigrantes’, su primer alojamiento antes de empezar la nueva vida en el nuevo país. Los que pasaron por allí todavía se encontraban como en un umbral, todavía no habían pisado de verdad su nueva patria. En el instante de pasar por ese umbral, ya nada sería como antes. A partir de ese momento, empezaría el lento y doloroso proceso de adaptación, quizás ya con el nuevo nombre que algún oficial de inmigración daría a los recién llegados, porque el propio nombre sería imposible de pronunciar. Un nuevo nombre, un idioma diferente, una cultura ajena. Un nuevo comienzo, en muchos casos no elegido. Un nuevo sol.

En una punta de la pequeña calle se encuentra un pequeño pedestal blanco. Sobre el pedestal, el artista argentino Martín Bonadeo ha montado un cubo de vidrio en el que muestra una cinta transparente, una cinta de Moebius interminable, que da vueltas sobre sí misma para volver después de una torsión aparentemente imposible a su punto de partida. A un lado de esa cinta está escrita en letras negras la palabra “Argentino", en el otro lado la palabra “Inmigrante". Esta instalación misteriosa parece a primera vista estática. Pero aunque no sea movil en sí, cambia de forma durante el transcurso del día. Con el transcurso del sol ajeno.

Con el sol de la mañana, se lee con claridad la palabra “Inmigrante". Pero ya aparece la sombra de la palabra “Argentino", patas arriba. Al mediodía, cuando el sol ajeno está en su cenit, las dos palabras ocupan un espacio de igual importancia. A la tarde, la sombra de la palabra “Argentino” se da vuelta y empieza a ocupar el lugar central. La sombra de la palabra “Inmigrante” también se da vuelta, lentamente, y comienza a desaparecer del campo de visión. Pero nunca desaparece por completo.

“¿Se puede olvidar una identidad para empezar a actuar otra? ¿Cuánto tiempo toma esta conquista individual? Un año, dos años, una década, una generación, dos generaciones y yo ya me considero de acá?” Estas son sólo algunas de las preguntas que Martín Bonadeo plantea con su complejo trabajo artístico. Todas lo llevan a proponer temas centrales sobre la búsqueda de identidad de sus compatriotas argentinos: “¿Qué pasa cuando nosotros empezamos a ser ellos, cuando los jóvenes empiezan a ser adultos, cuando lo ajeno empieza a resultarnos propio? ¿Cuándo empezamos a ser parte de una cultura que nos resultaba ajena? ¿Cuándo empezamos a llamarnos argentinos?”

("Estudio Abierto 2005 - Puerto". Apostadero Naval/Museo Hotel de los Inmigrantes, Av. Antártida Argentina 1201, y otros sitios en Puerto Madero. 14-23 hs. Hasta 4.12.)

 


inmigrante a la mañana, argentino a la tarde

por martín bonadeo

Cuando nacemos el mundo nos resulta ajeno, todo nos sorprende. Uno de los primeros fenómenos predecibles son los ciclos que se repiten: sabemos que se va a hacer de noche y que al día siguiente el sol va a volver a salir; sabemos instintivamente que hay un ciclo para alimentarnos y digerir. Hay un momento en nuestro desarrollo en el que empezamos a sentir más cosas como propias, entonces nos estabilizamos y nos instalamos. Hasta que se produce algún cambio en el entorno y repetimos un proceso de aprendizaje similar. Necesitamos un tiempo para que las nuevas condiciones resulten cómodas, para comprender códigos espaciales, sociales e idiosincrasias de una cultura ajena.

¿Se puede olvidar una identidad para empezar a actuar otra? ¿Cuánto tiempo toma esta conquista individual? Un año, dos años, una década, una generación, dos generaciones y yo ya me considero de acá.

El sol nos brinda una forma de concebir el tiempo: una vez por año se ubica exactamente en el mismo lugar en el cielo. Y ese día solemos recordar que hace un año pasó algo. Hace treinta años que nací; hace más de cien que alguno de mis bisabuelos llegaba desde Italia, España, Francia o el Imperio Austro-Húngaro y caminaba por esta calle.

Por este empedrado pasaron muchos soles, cientos de personas que entraban esperanzadas, gente que vino a buscar una mejor situación de vida a estas tierras. Ellos llegaron con no mucho más que su sombra para aprender un idioma, una forma de vida y las costumbres de un lugar nuevo. Algo ya sabían: cuando se hacía de noche, al día siguiente el sol volvía a salir.

Pero las distintas latitudes hacen que la sombra varíe. La forma de nuestra proyección en el suelo es distinta según el ángulo de incidencia de la luz y nuestro ser vibra de un modo diferente según la tierra que tenemos bajo nuestros pies. Hay muchas sensaciones nuevas, espacios extraños, colores diferentes, texturas, olores y sabores desconocidos. ¿Nunca volveremos a ser los de antes?

Solemos organizar la vida en opuestos: ayer y hoy; mañana y tarde; Norte y Sur, acá y allá; nosotros y ellos. ¿Qué pasa cuando nosotros empezamos a ser ellos, cuando los jóvenes empiezan a ser adultos, cuando lo ajeno empieza a resultarnos propio? ¿Cuando empezamos a ser parte de una cultura que nos resultaba ajena? ¿Cuándo empezamos a llamarnos argentinos?

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site specific installation
The inmigrant's historic street in Buenos Aires's port has a cement pedestal in one of its ends. Above it, a transparent moebius stripe rests inside a glass cube. This band has written in black letters the words IMMIGRANT and ARGENTINE, each one with an arrow in opposite directions. Like a sun dial, this object projects a shadow that changes all the time. In the morning the word Immigrant is projected in a way that can perfectly be read. The shade of the Argentine begins to appear flipped by mid-morning. At noon both words share the projection space and some hours later, the Argentine's shadow takes the scene. Little by little Immigrant's shade retires from the projection zone's center but it never leaves completely.
inmigrant's historic street | estudio abierto puerto buenos aires 2005
shadow variations produced by the sun at different times

inmigrant in the morning, argentine in the afternoon
by martin bonadeo


For a newborn child everything is new, everything surprises him. One of the first predictable phenomena he will find are cycles: he knows that at night the sun sets, but it'll rise again in the next morning; we learn this and other very basic cycles in a very instinctively way.

From that first moment, we acquire more and more knowledge, and we began to feel more comfortable with many things. There’s a moment where we settle and feel that things belong to ourselves. After this moment we process changes in our environment in a similar way, and each time we need less time to adopt the new conditions. But what happen if we move from one continent to other/ how much time does it take to include and understand space, social codes and idiosyncrasies from other culture? Can we forget our identity and begin to act a mew one? How long does this individual conquest takes? A year, two years, a decade, a generation, two generations and I already consider myself from here.

The sun offers us a simple way to conceive time: once a year it is located exactly in the same place in the sky. And we usually remember that day as an anniversary, a date to remember. I was born thirty years ago, more than a hundred years ago some of my greats-grandfather arrived from Italy, Spain, France or the Austrohungarian Empire and walked by this same street. With many different suns, hundreds of people from foreign countries enter this country through this pavement full of hope, looking for a better living situation. They arrived with not much more than their shades to learn a language, a way of life and the customs of a new place. Not everything was completely new, they already knew that the sun was going to set at night but will rise again the next morning.

But our shadow varies in different latitudes and ours projection’s shape in the ground will differ according to the light’s angle of incidence. Also, our being vibrates in a different way depending on the piece of earth we have under our feet. There are many new sensations, strange spaces, different colors, unknown textures, scents and flavors. Will we ever be the same again?

We usually organize the life in pairs of opposites: yesterday and today; morning and afternoon; North and the South, here and there; we and the others. But what happens when we began to be “the others”?; when we began to be adults? When the other people's thing begins to be our own? When we began to be part of an alien’s culture? When we began to be called Argentines?

11/28/2005