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instalación sonora específica para el sitio
Este proyecto propone utilizar el sentido del oído para conectar a la gente con su espacio sonoro real. Tomando a cada hora las variaciones del viento, se desarrolla un código para crear una sonificación – representación sonora– de estos datos para luego reproducirla a través del carillón del campus. Durante 8 días, a las 5 pm (minutos después del atardecer) se interpretan piezas de 3 minutos, representando el viento de las últimas 24 horas en el teclado del carillón. Carillón de viento propone una abstracción y una recomposición de los movimientos del viento durante cada día, reproducido de tal modo que pueda ser oído en cualquier punto del campus.
vista desde la plaza Wilson
UCLA campus, los ángeles USA 2004

Música natural traducida en campanas
por Narges Zohoury

Inspirado por el viento, Martín Bonadeo compone tonadas reproducidas desde la biblioteca Powell.

Cuando el reloj toca las 5 p.m., tres minutos de música empiezan a sonar, el sol se está poniendo, el cielo está naranja y muchos estudiantes están terminando su día en el campus. Martín Bonadeo marca este final haciendo que el viento le hable al campus. Este profesor extranjero se sienta en una pequeña habitación en el subsuelo del edificio Schoenberg a tocar el carillón que se escucha a través de todo el campus. Por ocho días, las piezas pre-grabadas que se escuchan típicamente en el campus son reemplazadas por las piezas de Bonadeo basadas en la actividad del viento del día que pasó. El último día de su performance será el miércoles.

La habitación contiene el carillón –un instrumento similar a un piano con dos filas de teclas–, dos sillas y una unidad computarizada que controla el reloj. Este espacio es tan pequeño que las sillas tienen que ser reacomodadas para poder cerrar la puerta.

Antes de tocar, Bonadeo (29) baja de internet las mediciones del viento del último día y ensaya la pieza por 30 minutos. La dirección y la velocidad del viento indican qué notas deberá tocar y cuántas veces se repiten. Las mediciones que utiliza son las del aeropuerto de Santa Mónica, ya que se sabe que sus condiciones meteorológicas son similares a los patrones que se dan en la UCLA. Bonadeo tuvo que escuchar carillones de viento por horas para encontrar cuáles eran las notas que representaban más correctamente al viento. En esta pieza de tres minutos, cada hora del día es representada en ocho segundos de música. "Las horas de calma se representan como ocho segundos de silencio y las horas más ventosas pueden a veces ser demasiado ruidosas", afirma Bonadeo.

"Mi experiencia es completamente diferente a la de la gente que lo escucha" dice, refiriéndose a su perspectiva desde el minúsculo espacio que nunca le permitirá tener la experiencia de cómo es escuchar su música en el campus. Para los que están en el campus, la experiencia difiere en función de la ubicación del que escucha, ya que ciertas notas no pueden ser escuchadas en lugares lejanos a los parlantes ubicados en la torre de la biblioteca Powell.

Bonadeo enfatiza que el escenario cambia la experiencia de quien escucha

"Cada persona tiene una experiencia única con la pieza, incluyéndome a mí", dice, comparándolo con un programa de radio que se emite "desde una sala horrible con micrófonos."

Bonadeo vino a la UCLA desde Argentina la primavera pasada y desde entonces trabajó con el Hypermedia Studio de la UCLA desarrollando una cantidad de proyectos utilizando una beca. Desde abril ha estado gestionando la obtención del permiso para tocar el carillón que es utilizado únicamente para ocasiones especiales.

Como parte de su exploración en sonido como forma de comunicación, Bonadeo tuvo la posibilidad de interpretar el carillón por ocho días.

Jeff Richmond, un técnico electrónico del departamento de música que se encarga de la mayoría de las cuestiones relacionadas al carillón dijo que nunca antes hubo un caso como el de Bonadeo en el que alguien ajeno a Mary Crawford, la carrillonista oficial del departamento de música, interpretara este instrumento.

Richmond explicó que el carillón está programado para reproducir canciones en forma aleatoria y que las únicas veces que es tocado en vivo es por pedido especial para ocasiones particulares.

De acuerdo a UCLA on the Move, un libro que relata la historia de la UCLA, las campanas sonaron por primera vez en marzo de 1939 y el sistema luego fue reemplazado por el carillón.

Bonadeo decidió dedicar su tiempo a este proyecto cuando se dio cuenta de que "la mayoría de la gente en el campus está generalmente ocupada por problemas externos a través de sus teléfonos celulares y no están aquí en forma completa." Explica que ve en este proyecto una buena oportunidad de conectar a la gente con el lugar en el que están.

También destaca que el momento en el que la música es interpretada es al final de cada día. "Lo que estoy interpretando es el viento de las últimas 24 horas. A las 5 pm el día está cerrando y yo estoy tocando el sonido de ese día", dijo. "Esta pieza tiene una relación con el sol y los ciclos."

Bonadeo ve la UCLA como un espacio perfecto para sus formas de arte público por la cantidad de gente de diferentes partes del mundo que reúne.

"Durante esos momentos, todos están conectados", dijo.

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sitie specific sound installation
This project proposes to connect people through their hearing sense with their real soundscape. By taking hourly measurements of the wind, a code was developed to make a soundification – a sound representation of this data – and played it through the campus carillon at 5 p.m. every day for 8 days. Carillón de viento – Wind chimes – is an abstraction and recomposition of wind movements during each day, played to be heard throughout the campus.
UCLA campus, los ángeles USA 2004
Wilson plaza view

Natural music translated to carillon
by Narges Zohoury

Inspired by wind, Martín Bonadeo composes tunes played from the Powell Library.

As the clock strikes 5 p.m. and three minutes of music begin to play, the sun is setting, the sky is orange and many students are ending their day on campus. Martín Bonadeo marks this end by letting the wind speak to the campus. The foreign scholar sits in a small room in the basement of Schoenberg Hall playing the carillon that is heard throughout the campus. For eight days, the pre-recorded pieces that are typically heard on campus are replaced by Bonadeo's pieces based on wind activity from the previous day. His last day playing will be Wednesday.

The room consists of a carillon – a pianolike instrument with two rows of keys – two chairs and a computerized unit that controls the clock. The room is so small that the chairs had to be rearranged for the door to close.

Before playing, 29-year-old Bonadeo downloads recorded measurements of the day's winds and practices the piece for 30 minutes. The direction and speed of the wind indicate the notes played and how many key strokes are made. The wind measurements he uses are taken from Santa Monica airport because the area is known to have similar wind patterns as UCLA. Bonadeo had to listen to windchimes for hours to find the notes that might correctly represent the wind.

In the three-minute piece, each hour of the day is represented through eight seconds of music. "Calm hours are represented as eight seconds of silence and more windy hours can sometimes be a mess," Bonadeo said. "My experience is completely different from what people are hearing," he said, referring to his perspective from the tiny room and that he will never get to experience what it's like to hear the music on campus. For those on campus, the experience differs depending on the listener's location, because some notes can't be heard in parts that are far from the speakers at the top of the Powell Library. Bonadeo emphasized that the scenery of the location also changes the listener's experience.

"Each person has a unique experience with the piece, including me," he said, comparing it to being on a radio show where the program is being broadcast "from an ugly room with mics."

Bonadeo came to UCLA from Argentina last spring and has since been working with UCLA's Hypermedia studio on developing a number of projects using his grant from UCLA. He has been trying since last April to obtain permission to play the carillon, which is used for special occasions only.

As a part of his exploration into sound as a form of communication, Bonadeo got the opportunity to play the carillon for eight days.

Jeff Richmond, a senior electronics technician with the music department, handles most inquiries regarding the carillon and said a case like Bonadeo's in which someone other than Music department graduate advisor Mary Crawford, the designated carillonneur, gets to play the carillon has never been done before.

Richmond explained the carillon is programmed to play songs at random and the only time it's played live is by special request and for special occasions.

According to UCLA on the Move, a book capturing UCLA's history, the bells first rang in March of 1939 and the system has since been replaced by the carillon. Bonadeo decided to dedicate his time to this project when he noticed that "most people on campus are often preoccupied with cell phones and outside problems and are not here completely." He explained that he saw this project as a good opportunity to connect people to where they are.

He also appreciates the timing of the carillon project; the music is played at the end of each day. "What I'm playing is the wind from the last 24 hours. At 5 p.m. the day is closing, and I'm playing the sound of that day," he said. "This piece has a relation with sun and cycles."

Bonadeo sees UCLA as the perfect outlet for this form of public art because there is such a large congregation of people from different places gathered here. "In those moments, everyone is connected," he said.