invasión
al espacio auditivo de la ucla
por martín bonadeo
La idea principal detrás de este proyecto es trabajar con el
espacio auditivo del campus. Desde mi llegada a L.A. me impresionó
la cantidad de gente que habla con su teléfono celular en distintos
idiomas, probablemente a las diversas ciudades, estados, países
y continentes alrededor del mundo. Esta gente está aquí
físicamente, pero una parte importante de su audición
y atención está en otro lugar, lejano físicamente
hablando. Están experimentando lo que Adriana de Souza e Silva,
profesora brasileña visitando el departamento de D|MA en UCLA,
llama espacio híbrido: una clase de percepción en la
cual el oído (en el caso del teléfono) está conectado
con un espacio distinto al resto del cuerpo. Este espacio híbrido
es incompleto, la gente está experimentando continuamente el
aislamiento y la conexión de uno de sus oídos al sonido
en un lugar distinto. Esta descripción presenta una noción
muy similar a la de un laboratorio científico: la idea de crear
un espacio de aislamiento (aparente) de una variable para probar una
hipótesis. Minsky dice que la mucha gente se siente ofendida
cuando sus mentes se ligan a los programas de computadoras o a las
máquinas, pero la realidad es que no somos conscientes que
cada día más y más espacios de nuestras vidas
están siendo invadidos por este modo limitado y binario de
pensamiento. Nuestra experiencia de la realidad es modificada en todo
momento por estas representaciones simples e incompletas. Desde la
perspectiva bidimensional a la realidad virtual, nuestros sentidos
están percibiendo representaciones y reproducciones artificiales
de sensaciones verdaderas en mundos conceptuales híbridos.
Un ejemplo curioso sobre esta artificialidad es el carillón
del campus de UCLA: un reloj sonoro. Las campanadas de la torre de
la biblioteca Powell son producidas por un carillón, un instrumento
similar a un órgano de ocho octavas ubicado en una habitación
subterránea del edificio Schoenberg, a dos cuadras de la biblioteca.
El carillón envía los tonos a través de cables
que llegan por túneles subterráneos hasta la torre del
edificio Powell. Durante el verano 1999, el equipo del carillón
fue substituido y actualizado por un nuevo sistema digital de grabación
y reproducción.
Algo muy extraño de este reloj es que no existe ninguna referencia
visual para las campanas que anuncian el paso del tiempo a cada hora,
pero más raro aún es descubrir que en vez de campanas,
el sonido proviene de altoparlantes ubicados en la torre. Estas campanadas
se pueden oír de casi cualquier lugar en el campus - dependiendo
de algunas variables como el viento -, pero la mayoría de las
veces no las oímos o para ser más específicos
no les prestamos atención -este sonido es parte del ambiente-,
se transforma en fondo. Pero, si estos altoparlantes funcionan en
conjunto con la pieza de arte que propongo, van a cambiar su sonido
-agregando entropía al sistema de los sonidos de la UCLA-,
y la gente comenzará a prestar atención a este nuevo
“ruido”.
En síntesis, la idea es desarrollar algunas sonificaciones
diarias que representen el comportamiento del viento -basado en los
datos actualizados por el departamento de clima de la UCLA- y se reproduzcan
a través del sistema digital de carillón/altoparlantes.
Mi intención en esta pieza fue relacionar a la gente que está
viviendo acá y está caminando por el campus a una representación
de una parte importante de su espacio auditivo real: el viento.
música
natural traducida en campanas
por narges zohoury THE DAILY BRUIN 11/23/2004 traducción
de martín bonadeo
Inspirado por el viento, Martin Bonadeo compone tonadas reproducidas desde la biblioteca Powell.
Cuando el reloj toca las 5 p.m. tres minutos de música empiezan a sonar, el sol se está poniendo, el cielo está naranja y muchos estudiantes están terminando su día en el campus. Martin Bonadeo marca este final haciendo que el viento le hable al campus. Este profesor extranjero se sienta en una pequeña habitación en el subsuelo del edificio Schoenberg a tocar el carillón que se escucha a través de todo el campus. Por ocho días, las piezas pre-grabadas que se escuchan típicamente en el campus son reemplazadas por las piezas de Bonadeo basadas en la actividad del viento del día que pasó. El último día de su performance será el miércoles.
La habitación consiste del carillón –un instrumento similar a un piano con dos filas de teclas– dos sillas y una unidad computarizada que controla el reloj. Este espacio es tan pequeño que las sillas tienen que reacomodarse para poder cerrar la puerta.
Antes de tocar, Bonadeo (29) baja de internet las mediciones del viento del último día y ensaya la pieza por 30 minutos. La dirección y la velocidad del viento indican qué notas deberá tocar y cuántas veces se repiten. Las mediciones que utiliza son las del aeropuerto de Santa Mónica, ya que se sabe que sus condiciones meteorológicas son similares a los patrones que se dan en la UCLA. Bonadeo tuvo que escuchar carillones de viento por horas para encontrar cuáles eran las notas que representaban más correctamente al viento.
En esta pieza de tres minutos, cada hora del día es representada en ocho segundos de música. Las horas de calma se representan como ocho minutos de silencio y las horas más ventosas pueden a veces ser demasiado ruidosas, afirma Bonadeo.
"Mi experiencia es completamente diferente a la de la gente que lo escucha" dice, refiriéndose a su perspectiva desde el minúsculo espacio que nunca le permitirá tener la experiencia de cómo es escuchar su música en el campus. Para los que están en el campus, la experiencia difiere en función a la ubicación del que escucha ya que ciertas notas no pueden ser escuchadas en lugares lejanos a los parlantes ubicados en la torre de la biblioteca Powell. Bonadeo enfatiza que el escenario de cada ubicación cambia la experiencia del que lo escucha.
"Cada persona tiene una experiencia única con la pieza incluyéndome a mí," dice, comparándolo con un programa de radio que se emite desde una "sala horrible con micrófonos."
Bonadeo vino a la UCLA desde Argentina la primavera pasada y desde entonces trabajó con el Hyper Media de la UCLA desarrollando una cantidad de proyectos utilizando una beca. Desde abril ha estado gestionando la obtención del permiso para tocar el carillón que es utilizado únicamente para ocasiones especiales.
Como parte de su exploración en sonido como un a forma de comunicación, Bonadeo tuvo la posibilidad de interpretar el carillón por ocho días.
Jeff Richmond, un técnico electrónico del departamento de música que se encarga de la mayoría de las cuestiones relacionadas al carillón dijo que nunca antes hubo un caso como el de Bonadeo en el que alguien ajeno a Mary Crawford, la carillonista oficial del departamento de música, interpreta este instrumento.
Richmond explicó que el carillón está programado para reproducir canciones en forma aleatoria y que las únicas veces que es tocado en vivo es por pedido especial para ocasiones particulares.
De acuerdo a "UCLA on the Move," un libro que relata la historia de la UCLA, las campanas sonaron por primera vez en marzo de 1939 y el sistema luego fue reemplazado por el carillón.
Bonadeo decidió dedicar su tiempo a este proyecto cuando se dio cuenta de que la mayoría de la gente en el campus está generalmente ocupada problemas externos a través de sus teléfonos celulares y "no están aquí en forma completa." Explica que ve en este proyecto una buena oportunidad de conectar a la gente con el lugar en el que están.
También destaca que el momento en el que la música es interpretada es al final de cada día.
"Lo que estoy interpretando es el viento de las últimas 24 horas. A las 5 p.m. el día está cerrando y yo estoy tocando el sonido de ese día," dijo. "Esta pieza tiene una relación con el sol y los ciclos."
Bonadeo ve la UCLA como un espacio perfecto para sus formas de arte público por la cantidad de gente de diferentes partes del mundo que reúne.
"Durante
esos momentos, todos están conectados," dijo.
ucla's
soundscape invation
by martin bonadeo
Basically,
my idea was to work with the soundspace of the campus. Since my arrival
to L.A. I've been impressed by the amount of people talking to their
cell phones in many languages, probably to different cities, states,
countries and continents around the world. In other words, they are
here physically, but an important part of their audition and attention
is in another place, far from here. They are experiencing what Adriana
de Souza e Silva, a Brazilian visiting scholar at D|MA UCLA, call
hybrid space: A kind of perception in which the ear (in the case of
the phone) is connected to a different space that the rest of the
body. This hybrid space is incomplete, people are continuously experiencing
the isolation and connection of one of their ears to sound in a different
place. This description is in a way very similar to the notion of
a laboratory in the scientific field: The idea of creating a space
of (apparent) isolation of one variable to prove a hypothesis.
Minsky says that “many people feel offended when their minds
are linked to computer programs or machines”, but further, we
are not conscious that every day more and more spaces of our lives
are invaded by this limited and binary way of thinking. Our experience
of reality is modified all the time by these simple and incomplete
representations. From bidimensional perspective to virtual reality
our senses are perceiving artificial representations and reproductions
of real sensations in hybrid mental conceptual worlds.
One curious example about this artificiality is UCLA's campus carillon:
A “sound clock”. The Powell Library Building's chimes
are produced by a carillon, an eight-octave organ-like instrument
which is kept in a basement room in Schoenberg Hall, -situated two
blocks from the library- . The carillon sends the tones through electronic
bellrods and solenoids, which then travel through cables in underground
steam tunnels across to Powell. During the 1999 summer, the carillon
equipment was replaced and a new digitalized system updated all the
recording and playing equipment.
It is very strange noticing that there’s no visual reference
for the bells that announce every hour the time, but its even more
strange finding out that the origin of the chimes are speakers instead
of bells. These bells can be heard from almost any place in the campus
-depending on some variables like the wind-, but sometimes we don’t
hear them or to be more specific we don’t pay attention to them
-this sound is part of the environment, it fades into background,
as Weiner's ubiquity idea. But probably, if these speakers work together
with the art piece I’m proposing, changing their sound (adding
entropy to the UCLA's sound system), people will start paying attention
to this new “noise”.
In conclusion, the idea is to develop some daily sonifications that
represent the behavior of the wind –based on data actualized
by the UCLA's weather department- and play them through the digital
carillon/speakers system. I want to relate people that is living here
and walking through the campus to a representation of an important
part of their actual soundspace: the wind.
natural
music translated to carillon
by narges zohoury THE DAILY BRUIN 11/23/2004
Inspired by wind, Martin Bonadeo composes tunes played from Powell.
As the clock strikes 5 p.m. and three minutes of music begin to play, the sun is setting, the sky is orange and many students are ending their day on campus. Martin Bonadeo marks this end by letting the wind speak to the campus. The foreign scholar sits in a small room in the basement of Schoenberg Hall playing the carillon that is heard throughout the campus. For eight days, the pre-recorded pieces that are typically heard on campus are replaced by Bonadeo's pieces based on wind activity from the previous day. His last day playing will be Wednesday.
The room consists of the carillon – a piano-like instrument with two rows of keys – two chairs and a computerized unit that controls the clock. The room is so small that the chairs had to be readjusted for the door to close.
Before playing, 29-year-old Bonadeo downloads recorded measurements of the day's winds and practices the piece for 30 minutes. The direction and speed of the wind indicate the notes played and how many key strikes are made. The wind measurements he uses are taken from Santa Monica airport because the area is known to have similar wind patterns as UCLA.Bonadeo had to listen to wind-chimes for hours to find the notes to correctly represent the wind.
In the three-minute piece, each hour of the day is represented through eight seconds of music. Calm hours are represented as eight seconds of silence and more windy hours can sometimes be a "mess," Bonadeo said.
"My experience is completely different than people who are hearing it," he said, referring to his perspective from the tiny room and that he will never get to experience what it's like to hear the music on campus. For those on campus, the experience differs depending on the listener's location because some notes can't be heard in parts that are far from the speakers at the top of Powell library. Bonadeo emphasized that the scenery of the location also changes the listener's experience.
"Each person has a unique experience with the piece, including me," he said, comparing it to being on a radio show where the program is being broadcast from an "ugly room with mics."
Bonadeo came to UCLA from Argentina last spring and has since been working with UCLA's Hyper Media studio on developing a number of projects using his grant from UCLA. He has been trying since last April to obtain permission to play the carillon, which is used for special occasions only.
As a part of his exploration into sound as a form of communication, Bonadeo got the opportunity to play the carillon for eight days.
Jeff Richmond, a senior electronics technician with the music department, handles most inquiries regarding the carillon and said a case like Bonadeo's in which someone other than Music department graduate advisor Mary Crawford, the designated carillonneur, gets to play the carillon has never been done before.
Richmond explained the carillon is programmed to play songs at random and the only time it's played live is by special request and for special occasions.
According to "UCLA on the Move," a book capturing UCLA's history, the bells first rang in March of 1939 and the system has since been replaced by the carillon.
Bonadeo decided to dedicate his time to this project when he noticed that most people on campus are often preoccupied with cell phones and outside problems and "are not here completely." He explained that he saw this project as a good opportunity to connect people to where they are.
He also appreciates the timing of the carillon project; the music is played at the end of each day.
"What I'm playing is the wind from the last 24 hours. At 5 (p.m.) the day is closing, and I'm playing the sound of that day," he said. "This piece has a relation with sun and cycles."
Bonadeo sees UCLA as the perfect outlet for this form of public art because there is such a large congregation of people from different places gathered here.
"For those moments, everyone is connected," he said.