Vánitas en tiempo real
Instalación interactiva
Olga Martínez Galería de arte, Buenos Aires, 2002 / Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires, 2007 / Woodstreet Gallery, Pittsburgh, USA, 2010

Este trabajo gira alrededor de una bandera blanca que funciona como pantalla de un sistema interactivo. La bandera flamea artificialmente gracias a un ventilador. La PC está programada para emitir un sonido, elegir una bandera latinoamericana en forma aleatoria y proyectarla sobre la bandera cada vez que recibe una señal de los sensores. El piso de la sala se encuentra dividido en ocho secciones por medio de líneas punteadas. Sobre cada línea corre una barrera infrarroja. Cuando una de estas líneas es interrumpida se envía la señal a la PC y se activa el sistema. Las distintas banderas se van superponiendo como un prisma invertido por adición lumínica, hasta dar un blanco total – la suma de los colores luz da blanco –. Luego de unos segundos, la secuencia aleatoria comienza nuevamente desde negro.


Martín Bonadeo: Vánitas en tiempo real

Por Lic. Verónica Tell. Historia del Arte, UBA

Vánitas y tiempo se implican mutuamente: el tiempo avanza sobre todo, la vida existe como estado transitorio. Siguiendo una tradición de siglos, Martín Bonadeo se encarga, una vez más, de hacérnoslo recordar. La naturaleza simbolizada por frutos, hojas e insectos suele estar presente en este género pictórico y estos son, de hecho, elementos que han aparecido en Vánitas empapelado, una obra previa donde Bonadeo proyectaba imágenes de insectos sobre un papel con motivos florales. Luego, si en las vánitas históricas la figura del hombre suele estar ausente (aunque con frecuencia un cráneo tiene por función evocar la fragilidad de la existencia humana terrenal), Bonadeo decide aquí incluirla. Y lo hace de una manera muy particular puesto que la figura humana de Vánitas en tiempo real es la de cada persona que se detiene frente a la obra.

Por un lado, como en otras instalaciones (Américas Fundidas o Termosíntesis), el artista hace del espectador – que con su sola presencia tiene a cargo su realización última – el motor de la obra. Y por otra parte, al poner a cada uno en el centro de Vánitas en tiempo real, Bonadeo toma el principio conceptual de la vánitas para hacerlo funcionar en el terreno de la evidencia concreta: la propia realidad e imagen se ponen en juego.

Sobre la superficie plana de un reloj de arena se proyecta en tiempo real la imagen que una cámara toma del espectador, de pie frente a su propia representación. Esta imagen en tiempo real (que más allá de la terminología tecnológica, ¿qué es? ¿acaso existe tal simultaneidad si, como el propio artista señala, "una fotografía o una imagen digital ya es pasado desde el momento en que podemos verla"?) tiene como soporte la arena contenida entre los vidrios, es decir, la propia marca y mesura del pasaje del tiempo. Hay aquí un reenvío a la tradición iconográfica, puesto que el reloj (y la clepsidra), en tanto instrumento de medida del tiempo, ha sido característico de las vánitas. Pero en esta obra no se trata sólo del reloj como elemento conceptual, es decir, como objeto que remite a la idea del tiempo sino que, al ser el soporte variable de la imagen, adquiere una dimensión diferente: la arena corre, el tiempo se escurre y con ellos, nuestra representación desaparece.

La alta tecnología produce esa imagen que se va junto con la arena que se desliza hacia abajo. Sin embargo, una parte de la obra, la perteneciente a una tecnología sencilla y antigua –el reloj– preserva nuestra imagen: es que la misma superficie vidriada sigue devolviéndonos nuestro reflejo. Representación y reflejo entre la alta y la baja tecnología. Si la primera se desvanece ante nuestros ojos, el segundo persiste. No obstante, no lo recibimos del mismo modo que a nuestro reflejo cada mañana, puesto que una idea quedó, ella sí fija, en nuestras cabezas: la evidencia del tiempo que fluye.

De este modo, el tiempo real no es sólo el del lenguaje tecnológico sino que es el que percibimos, muy concretamente, transcurriendo delante de nosotros. Nos hacemos conscientes de que cada segundo que estamos frente a la obra, es un segundo pasado. Y ahí podemos quedarnos, "y también se podía esperar el instante que llegaba... que llegaba... y, de repente, se precipitaba en presente, y de repente se disolvía... y otro que venía... que venía...", según escribía Clarice Lispector*.

* Clarice Lispector, Cerca del corazón salvaje, Madrid, Siruela, 2002, p. 56.


El tiempo real del espejo

Texto de sala

La imagen que nos devuelve un espejo cambia constantemente y no es la misma a la mañana que a la noche. Ni hablar de las transformaciones que sufre la imagen de cada persona cuando pasan los años. Pero yendo a la tecnología del espejo en sí, un reflejo del presente, una fotografía o una imagen digital ya es pasado desde el momento en que podemos verla. El tiempo que tarda la luz en rebotar en el espejo o en ser procesada digitalmente y proyectada pone en evidencia la imposibilidad de atrapar el presente. Un reloj de arena nos muestra la misma fluidez de la realidad. Los dos mecanismos superpuestos producen una fuerte representación de esta imposibilidad de mantener una imagen estática.


> volver