Vánitas empapelado
Intervención específica para el sitio
Villa Victoria Ocampo, Mar del Plata, Argentina, 2002

Villa Victoria Ocampo, propiedad de la célebre escritora ubicada en la ciudad balnearia de Mar del Plata cuenta con numerosos empapelados engamados. Durante las semanas anteriores a la muestra se hicieron registros fotográficos de sus modelos y se generaron imágenes con insectos para proyectar a modo de vánitas sobre las hojas y flores decorativas. Las proyecciones se realizaron con artefactos construidos por el artista. Esta pieza se presentó dentro del marco de la muestra "Un mar de trampas", curada por Graciela Taquini.


Un mar de trampas

por Graciela Taquini, curadora de la muestra

Esta es la tercera versión del proyecto Trampas, una muestra itinerante en torno a una simulación significante, integrada por obras que se ubicarían entre el secreto (aquello que es y no parece) y la mentira (lo que no es y parece). Esta selección de veinte obras no implica la ilustración de un eje temático: surge a partir de propuestas artísticas concretas que han dirimido algún tipo de interrogación sobre el estatus de realidad, de verdad o de existencia. Su nombre se inspira en el trompe l'oeil, el artilugio del ilusionismo barroco que impregna el pensamiento y las prácticas artísticas desde hace algunos años. Las trampas que se presentan son a veces literales, otras metafóricas, visuales o mentales. Si el simulacro carecería de referente, aquí se presenta inmerso en un juego consciente y controlado de escondites, de vueltas de tuerca, de ironía, de textos subyacentes, donde importa más la reversibilidad que la mímesis. El propósito de esta confrontación y diálogo de estas piezas contemporáneas es artístico y al mismo tiempo ideológico, especialmente en un momento histórico de la Argentina y el mundo que carece de certezas, donde la ambigüedad inquieta. Intenta producir algún tipo de señalamiento que indique que el rey está desnudo, que revele que algunas veces el ser y el parecer pueden ser ontológicamente iguales, que la verdad se construye en el sujeto que la interpreta, que toda percepción está sujeta a mediaciones, que advierta sobre la dictadura de la mirada o el prejuicio. Esto no significa un conformismo sino más bien un cuestionamiento planteado desde la teoría, pero también desde la praxis del mundo del arte y en una Argentina tan trampa como tramposa.


Trampa in situ

por Graciela Taquini, curadora de la muestra

Con un dispositivo fabricado por él mismo, un simple proyector de diapositivas, casi una antigüedad, Martín Bonadeo socava la realidad para imponer su mundo. Trabaja con espacios concretos, crea a partir de las propuestas que le da un edificio, un artefacto, una pared o una puerta determinada. Si los pintores del Barroco parecían abrir las cúpulas al cielo para que los santos se elevaran, Martín introduce una contradicción en medio de aquello que nos es familiar. De esta manera vuelve a preguntar sin que nadie responda qué cosa es una obra de arte.


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