El camino del alma
Intervención interactiva específica para el sitio
Centro Cultural Gral. San Martín, Buenos Aires, Argentina, 2001

Esta intervención se desarrolla en un espacio que cuenta con una escalera como la protagonista que une cuatro pequeñas salas. En la planta baja, el espectador se encuentra con un afiche, un plano y un pequeño texto, una banda sonora que combina mantras de distintas religiones, aroma de incienso, luces bajas y un guardia que invita a los visitantes a buscar una figura humana reflejada en un espejo colocado en el ojo de la escalera. A medida que la gente sube, se encuentra espacios vacíos con hilos de humo de incienso iluminados de modo tenue. Al llegar al último entrepiso, los visitantes encuentran un texto y la imagen de dos siluetas humanas proyectadas sobre una pared de mármol. A medida que los visitantes se acercan a este muro, sus sombras acompañan a las dos de la imagen, aunque nunca llegan a estar en la misma escala.


Comentario de la muestra

por Graciela Taquini

La cita es en el Centro Cultural General San Martín, sobre la plaza seca: en una galería que no es mucho más que una escalera se encuentra la oportunidad para atravesar El camino del alma: del sótano al cielorraso, una intervención de Martín Bonadeo.

Cómo transformar lo inmaterial en material, lo limitado en infinito y transformar la materia en aire y nube, ascender al cielo con la amenaza de otro cielo más oscuro y sin límites.

Martín Bonadeo (25) incursiona por tercera vez en el mundo del arte realizando una intervención fotográfica para transmutar un espacio público y convertirlo arquitectónicamente en un recorrido hacia visiones celestiales.

Como un artista barroco rompe la materialidad de la arquitectura y nos conduce al paraíso, a los Campos Eliseos, al más allá.


Del sótano al cielo raso

Texto de sala

Desde acá arriba: ¿todo se ve más claro? Tal vez ver no sea lo más importante en esta obra, ya que consiste en una experiencia que va más allá. Este más allá que intentamos descifrar a partir del contacto que tenemos con lo que nos rodea. Los sentidos en su conjunto conectan desde la física y la química a nuestra alma con el entorno y con otras almas que se encuentran en la misma búsqueda. Por esta razón se desarrollaron miles de saberes desde la filosofía, la matemática y la religión que se combinan con otros como la arquitectura para fundar verdaderos templos que nos ponen físicamente más arriba. Pero, ¿estar más arriba es lo mismo que elevar el alma?

Desde que el hombre inventó el techo como límite entre el cielo y la tierra, los cielosrrasos confunden a la mayoría, que termina creyendo que el cielo es un lugar lejano en el espacio y de difícil acceso. Curiosamente, son pocos los que ven lo obvio: vivimos rodeados por el cielo.

El cielo atraviesa constantemente los espacios arquitectónicos y todos estamos en contacto permanente con él. Esta idea nos plantea como elementos físicos y espirituales dentro de ese contexto. El cuerpo entonces también actúa para separar nuestra alma de ese espacio infinito. Estos conceptos pueden estar vacíos o llenos de acuerdo con la fe de cada uno. Así, un espacio infinito como es el cielo, puede funcionar como un paraíso perfecto en el que se funden todas las cosas, o como un infierno, caótico en el que nada tiene límites y todo es difuso.


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